323sab 7a. Sem Pascua (Id=323)
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Antífona de Entrada
Animados de un mismo espíritu, los
discípulos perseveraban en la oración, en compañía de algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y
con sus hermanos. Aleluya.
Erant discípuli
perseverántes unanímiter in
oratióne, cum mulíeribus et María Matre Iesu, et frátribus eius, allelúia.
Oremos:
Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras
costumbres la alegría de estas fiestas de pascua que nos disponemos a
clausurar.
Por nuestro Señor, Jesucristo…
Amén.
Pablo permaneció en Roma y predicaba el Reino de Dios
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
28, 16-20.30-31
En aquellos días, cuando entramos en Roma,
le permitieron a Pablo quedarse en
una casa particular, con un soldado que lo custodiara. Tres días después, Pablo
convocó a los judíos principales. Cuando llegaron les dijo:
«Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de
nuestros antepasados, fui detenido en Jerusalén y entregado a los romanos.
Ellos, después de interrogarme, quisieron ponerme en libertad, porque no
encontraron en mí ningún cargo por el que mereciera
judíos se opusieron, me vi obligado a apelar al
emperador, aunque sin intención
de acusar a mi pueblo. Este es, pues, el motivo de haberlos llamado. Quería
verlos y conversar con ustedes, pues a causa de la esperanza de Israel llevo
estas cadenas».
Pablo estuvo dos años enteros en una casa alquilada por él, y allí recibía a
todos los que iban a verlo. Podía anunciar el reino de Dios y enseñar cuanto se
refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 10, 5-6.8
El Señor verá a los justos con complacencia.
Recti vidébunt vultum
tuum, Dómine.
El Señor está en su templo santo, el
Señor tiene su trono en los cielos; sus ojos están observando, sus pupilas
examinan a los hombres.
El Señor verá a los justos con complacencia.
Recti vidébunt vultum
tuum, Dómine.
El Señor examina al justo y al malvado,
y aborrece al que ama
El Señor verá a los justos con complacencia.
Recti vidébunt vultum
tuum, Dómine.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Yo les enviaré el Espíritu de la Verdad y los irá guiando hacia la verdad
plena, dice el Señor.
Mittam ad vos Spíritum veritátis, dicit Dóminus; ille docébit
vos omnem veritátem.
Aleluya.
Este es el discípulo que ha escrito estas cosas, y su testimonio es verdadero
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
21, 19b-25
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús le dijo a Pedro:
«Sígueme».
Pedro miró alrededor y vio que, detrás de ellos, venía el otro discípulo a
quien
Jesús tanto amaba, el mismo que en la última cena estuvo reclinado sobre el
pecho de Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a
entregar?”
Cuando Pedro lo vio preguntó a Jesús:
«Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le respondió:
«Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva de nuevo, ¿a ti qué? Tú,
sígueme».
Estas palabras fueron interpretadas por los hermanos en el sentido de que este
discípulo no iba a morir. Sin embargo, Jesús no había dicho a Pedro que aquel
discípulo no moriría, sino: “Si yo quiero que él permanezca hasta que yo venga
de nuevo, ¿a ti qué?”
Este es el discípulo que da testimonio de todas estas cosas y las ha escrito. Y
nosotros
sabemos que dice
Jesús
en el mundo entero cabrían los libros.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Que la venida del Espíritu Santo nos prepare, Señor,
a participar fructuosamente
en tus sacramentos, porque él es el perdón de todos los pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En la espera de la venida del Espíritu Santo
En verdad es justo y necesario que todas las criaturas, en el cielo y en la
tierra, se unan en tu alabanza, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu
Hijo, Señor del universo.
El cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora
intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del
Espíritu.
Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo
de María y los apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.
Por este misterio de santificación y de amor, unidos a los ángeles y a los
santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
El Espíritu Santo me glorificará,
porque recibirá de mí lo que les irá comunicando, dice el Señor. Aleluya.
Spíritus Sanctus, ille me clarificábit, quia de meo accípiet, et annuntiábit vobis, dicit Dóminus,
allelúia.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor de misericordia, escucha nuestras súplicas y, ya que nos has hecho pasar
de los ritos antiguos a los sacramentos de la nueva alianza, ayúdanos a pasar
de
nuestra antigua vida de pecado a la nueva vida del espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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